TODOS FIRMAMOS

Al capitán le dio por pintar extraños bisontes en las paredes de la cueva donde nos refugiábamos. Mezclaba piedras marcianas convenientemente machacadas con aceite de robots estropeados. Conseguía un brillo y una textura semejante a las de las pinturas rupestres. De vez en cuando también dibujaba el perfil de un cohete o una trayectoria de la Tierra a Marte.

– ¿Por qué lo hace? -me atreví a preguntarle un día.

– Para recordaros que cincuenta mil años de historia humana nos contemplan.

– ¡Pues qué bien! -protestó Kurtz-. Tanto esfuerzo para acabar como al principio.

– No -le corrigió el capitán-, no estamos igual que al principio. Ahora miramos a las estrellas y no tenemos miedo. Miramos cara a cara al mundo y no inventamos supersticiones: inventamos cohetes.

Todos firmamos las pinturas con la palma de nuestra mano cuando el oxígeno empezó a escasear.

Todos firmamos. Fuente de la imagen: http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/f/f4/SantaCruz-CuevaManos-P2210651b.jpg
Todos firmamos. Fuente de la imagen: http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/f/f4/SantaCruz-CuevaManos-P2210651b.jpg

VICTORIA CONTRA TODO PRONÓSTICO

Sin saber por qué, le di un puñetazo. El niño cayó al frío y duro suelo del lavabo y se puso a llorar. Yo abrí el grifo y bebí agua. Luego me lavé la cara y salí. El crío se quedó llorando a mis espaldas. Cuando se cerró la puerta, su llanto se atenuó y pensé que sería fácil olvidarlo. Me equivoqué. Por la noche, después de cenar, mis padres encendieron la tele y se empeñaron en ver un documental sobre chimpancés. Me obligaron a verlo con ellos. Observé cómo un grupo de chimpancés maltrataban a un chimpancé solitario, un desgraciado que no tenía amigos en el grupo, un paria, y cómo, justo después de la agresión, el desarrapado pasaba al lado de una cría indefensa y le propinaba un golpe en la cabeza, sin motivo aparente. Vomité. Mis padres no entendían nada. Les había dicho que los morados de mi cara eran debidos a una caída. Jugando a fútbol. Se lo creyeron. La cena mezclada con mis ácidos gástricos en la alfombra del salón no les hizo menos crédulos. Al día siguiente, los mayores vinieron otra vez a robarme el desayuno y el dinero. Yo les planté cara y les dije que no les tenía miedo, que no eran más que chimpancés. Se rieron. Para mi, dirigirme a ellos en esos términos era una victoria. Para ellos no fue más que un insulto. Me pegaron más y con más saña. No comprendieron que les había derrotado, que en realidad ya nunca más podrían tocarme, aunque me mataran a golpes.

Hay victorias frágiles, como dar con un verso certero, conseguir escalar un cráter en Marte o evitar que un puñetazo vaya más allá de tu piel. Fuente: http://mars.nasa.gov/mer/gallery/press/opportunity/20061115a/site_B76_664_navcam_CYP_R-B966R1.jpg
Hay victorias frágiles, como dar con un verso certero, conseguir escalar un cráter en Marte o evitar que un puñetazo vaya más allá de tu piel. Fuente: rover Opportunity al borde del cráter Victoria, en Marte. http://mars.nasa.gov/mer/gallery/press/opportunity/20061115a/site_B76_664_navcam_CYP_R-B966R1.jpg